
Cómo prevenir la deshidratación en ancianos
Algunas de las pautas para prevenir la deshidratación en ancianos son las mismas que debe seguir el resto de la población. Los expertos en nutrición recomiendan beber entre 6 y 8 vasos de líquido al día, consumir alimentos con alto contenido en agua, como frutas y verduras, y beber sin esperar a tener sed.
Diagnosticar la deshidratación en ancianos es complicado, ya que muchas veces no presentan los síntomas típicos, especialmente en los casos de deshidratación leve. Por tanto, la prevención es vital. En este sentido, la concienciación de los mayores, sus familiares y sus cuidadores sobre la importancia de la hidratación es el primer paso para mantener un correcto nivel de agua en el cuerpo.
Éstas son las recomendaciones para prevenir la deshidratación en ancianos.
Beber de 6 a 8 vasos de líquidos al día.
El agua es el líquido por excelencia para mantener una buena hidratación y debería representar la mayor parte de la ingesta. Sin embargo, cuando los ancianos son reacios a tomar agua se les pueden ofrecer otras bebidas como zumos, lácteos, infusiones, refrescos y sopas no saladas.
Tomar alimentos ricos en agua.
Además de ingerir líquidos, los alimentos ricos en agua ayudan a mantener un buen nivel de hidratación en ancianos. Las frutas y verduras contribuyen a prevenir la deshidratación. En concreto, se les deben ofrecer aquellos alimentos con alto contenido en agua, como melón, sandía, fresas, uva, naranja, zanahoria o pepino, entre otros.
Evitar bebidas no recomendables.
No todos los líquidos son igualmente eficaces para mantener un buen equilibrio hídrico. Algunos, como el café o el té, pueden tener efecto diurético, por lo que se deben consumir con moderación. De lo contrario, podríamos conseguir el efecto opuesto al que buscamos. Las bebidas alcohólicas no son recomendables, puesto que pueden aumentar el riesgo de deshidratación en ancianos.
Animar a los ancianos a beber.
Como hemos comentado, en las personas mayores disminuye la sensación de sed y, cuando ésta aparece, ya ha comenzado la deshidratación. Por tanto, hay que animarles a beber sin esperar a tener sed. Una buena estrategia es colocar su bebida preferida a su disposición a lo largo de todo el día. Las horas de la medicación son un buen momento para animarles a beber una mayor cantidad de líquido.
Introducir los líquidos de forma gradual.
Si la persona es reacia a ingerir líquidos, no se la debe presionar en exceso. La mejor estrategia es comenzar poco a poco, ofreciéndole la bebida que prefiera para, posteriormente, ir introduciendo el agua, que es la más aconsejable para prevenir la deshidratación. Es preferible ofrecer la mayor cantidad de líquidos por la mañana y reducir su consumo a partir de media tarde. De esta forma, se previenen la incontinencia nocturna o la necesidad de levantarse por la noche a orinar. Beber uno o dos vasos de agua al levantarse ayuda a la movilidad intestinal.
Ofrecer más líquidos en las horas de calor.
Cuando la temperatura y la humedad ambiental son elevadas es necesario aumentar la ingesta de líquidos para prevenir la deshidratación en ancianos. Las bebidas con un contenido moderado de azúcares de absorción rápida y sales minerales ayudan a mantener una buena hidratación. Además, suelen ser mejor aceptadas cuando no hay sensación de sed.
Controlar los efectos secundarios de la medicación.
Algunos medicamentos, como diuréticos o laxantes, pueden provocar una mayor pérdida de líquido en los ancianos. Por tanto, es recomendable consultar con el médico la necesidad de ajustar las cantidades de líquido con determinados medicamentos o si existe incontinencia urinaria, por ejemplo. Incluso, en algunos casos, el facultativo podría recomendar la reducción de ingesta de determinados líquidos.






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